Mamá despertó, se acicaló y se dispuso a salir de casa. Yo estaba durmiendo. Pero, pronto me llevarían al maternal. Papá se quedó a mi cargo. Siguiendo las indicaciones de mamá armó el morral con mis cosas para el cuidado, mientras ella daba vueltas en casa antes de salir. Papá repasaba punto por punto lo que debía hacer antes de llevarme a la escuela.
Papá: Aja, entonces, lo lavo, le coloco la crema. ¿Qué ropa le pongo?
Mamá: No sé, búscale una ropa, toda la tiene limpia, algo cómodo como un mono o short.
Papá: Aja, ya va. Caminó al cuarto buscando la ropa y mamá le seguía.
Papá: Esta ropa, ¿te parece bien? Mamá afirmó con la cabeza, mientras se percataba que sobre la cómoda estaba un conjunto que ella misma había elegido la noche anterior para mi. Ella señaló la ropa y dijo "disculpa, es que lo hago en automático".
Papá: Ok, pero entonces, ¿le pongo la ropa que tu le sacaste?
Mamá: No vale, esta semana tiene muchos días. La que yo elegí se la pongo el miércoles. Vístelo con la ropa que le sacaste.
Papá: Pero, la que tu elegiste me parece mejor.
Mamá: Ok, entonces vístelo con la que yo saqué. A mamá le daba mucha risa, pero la contenía, pues papá parecía nervioso. Se notaba que quería hacerlo bien.
Papá: Ummm, y si le dejas servida las vitaminas.
Mamá: No, se las debe tomar al momento. Una vez lo hice y se forma una capa aceitosa en el jarabe.
Papá: Ah!, entonces, cúanto es que le debo dar de cada vitamina.
Mamá: Mira, un cc de vitamina C y un cc del Miovit.
Papá: Ok. Lo bañaré, ¡Ay! necesito un pañal. Papá caminó hacia el armario en busca del pañal desechable. Normalmente, él me baña. Pero es mamá quien busca todo lo que necesita para que el comparta el baño conmigo.
Papá: Luego, lo visto y le doy las vitaminas, tomo el bolso y para el maternal. Seguía repasando papá en voz alta.
Mamá: Así es. Dile a la maestra... Bueno, un beso, me voy. Le voy a echar la bendición a mi hijo. Nos vemos, que tengas un buen día.
Mamá había salido, mostrándo una media sonrisa. Sorprendida porque era primera hora de la mañana y no había preparado el desayuno, ni me había visto despertar. Esta vez, papá quedó protagonizando esa aventura diaria.
La mamá de Santiago

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