Esto
parace un ejercicio pendejo, pero no lo es. Escribir es un acto comunicativo
que me apasiona. Es parte de las razonas por la que me hice periodista, como me
gusta llamarme, en vez de comunicadora social. Hoy agradezco el 295 aniversario
de la UCV (Universidad Central de Venezuela), casa de estudios que me acogió
durante los años de mi formación profesional académica.
Amo
el lápiz y el papel, no tanto la máquina de escribir dura y ruidosa en la que
aprendí a redactar. Todavía soy cuasi-amateur en este oficio de la escritura,
que a veces es arte-terapia. Descubrir cada línea, cada frase y palabra sobre
el papel surte una especie de poción mágica que me traslada a lugares
insospechados e inimaginados.
No
tengo idea de cuándo comencé este viaje de escribir. Aunque la memoria me
remonta a épocas dónde era una niña. Tampoco sé si sea cierto el decir popular “el
papel lo aguanta todo”, aunque en mi caso ha tolerado experiencias variopintas
que pasan por una gama e emociones impresionante.
Aquí
estoy de nuevo, frente al flamante papel virtual del computador, agradeciendo a
la vida en este fin de año. Las experiencias que este 2016 me ha aportado son
infinitas, incluso creo que algunas de ellas todavía mi corazón-cerebro e hígado
las esta procesando. Creo haber aprendido algo valioso: no sobrecargarme.
Vivir
más distendida, relajada, concentrada es parte de las características de mis rutinas
que deseo fortalecer. Puesto que es
cierto que el vigor y el entusiasmo me acompañan, canalizarlos con mayor
efectividad es preciso en el venidero 2017. En 2016 aprendí el valor liberador de
las renuncias. Salí más fortalecida de las tormentas internas y externas y me
motivan a continuar con mayor tranquilidad.
Fiel
a mi propósito de 2015, seguí en 2016 enfocándome en el bienestar propio y de
mi familia. Como digo, si yo estoy bien la familia estará mejor. Por ello,
agradezco a cada una de las oportunidades que me generaron un aprendizaje, a las
fuentes de estudio y a las personas que me acompañaron en el proceso. En
especial agradezco a la divinidad porque nunca me falla y a mi esposo, hijos, madre
y amigos que me ayudaron a cumplir las metas trazadas.
A
las personas que amo y que durante este año no pude ver, llamar, con la
frecuencia acostumbrada; también les agradezco porque su afecto me daba la
seguridad para continuar y la esperanza de nuevos encuentros para los días de
fiestas. Aprecio cada uno de los nuevos espacio de recreación y descanso que
conocí en este año y que ahora forman parte de mi vida, pues en ellos me
recargo y disfruto en compañía.
En
2016 evidencié que cuando se quiere se puede. Los afectos que se fueron del
país, sólo dejaron un territorio. Con agrado noto que las relaciones se
reinventan y fortalecen, la comunicación se dinamiza con las tecnologías. Este
año tuve abundantes procesos que me llevaron a tener una consciencia más amplia
sobre mi crecimiento personal. Con claridad se va marcando la ruta que deseo
continuar.
Muchas
decisiones por tomar, muchas experiencias por vivir, llena de expectativas y
trabajando en algunas necesarias certezas de despido de ti, 2016. Un año en que
las palabra claves fueron: moderación, equilibrio no sólo porque es vital para
el bienestar sino porque hubo mucho cálido y frío de dulce y amargo y con este
buqué de sensaciones te despido con un abrazo. Hoy decreto un saludable,
amoroso y próspero 2017. Seguimos creciendo en familia.
Un
Feliz año para ti, para mi, para todos. Desde este rincón caraqueño que me
cobija con los mantos verdes de su Ávila bendigo esta ciudad y el mundo que nos
alberga.
Yomarli Bustamante
PD. Recordar que dónde ponemos nuestra atención,
está nuestro poder.



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