La paciencia es la capacidad que tenemos para vivir en calma en medio de circunstancias adversas, inesperadas, incluso que implican sufrimiento. La paciencia se desarrolla, es una virtud porque se requiere el valor y la fuerza para conservar la calma.
Para fortalecer nuestro carácter paciente es necesario aceptar y respetar que hay factores externos a uno, que van a otro ritmo, que no están bajo nuestro control y responden a otras motivaciones. También es importante la auto-observación. Podrías hacer una lista de las situaciones por las que te impacientas a diario. Es aconsejable hacer consciencia de que es una decisión personal mantener la calma, es decir que no existe un factor externo en la rutina que te saque de tu centro.
Como todo cambio, puede implicar cierta resistencia, sí te encuentras en este punto recuerda que haz avanzado, antes ni te preguntabas cómo hacer para tener más paciencia, simplemente estallabas emocionalmente. Pero, estamos en otro punto y debemos recordar que como todo cambio conlleva ensayos, errores y mucha práctica. En este sentido, sugerimos:
- Elegir una situación recurrente por la que te impacientas
- Explora las posibilidades de hacer algo diferente.
- Al principio te recomendamos hacer una especie de diario dónde escribas tu reto y las opciones para hacer distinto.
- Cuando traces una meta, evalúa la situación, lo que deseas, el cómo lo deseas y con qué cuentas (fortalezas internas y factores externos). Ponle fecha y considera los riesgos.
Es importante que consideremos nuestra visión sobre los errores, es común que ante una equivocación nos sintamos frustrados o enojados. Es vital cambiar nuestra idea acerca de los errores, comprenderlos como parte del proceso de aprendizaje.
Colmarnos de paciencia es amarnos, es tratarnos bien, es creer que merecemos estar en paz a pesar de las circunstancias. Sí perdemos la paciencia en el camino, reconocer que somos seres imperfectos, que buscamos la felicidad y el bienestar duradero. Siempre podemos volver a empezar. La diferencia la hacemos cuando nos tratamos con amabilidad.
Los procesos de crecimiento personal no tienen tiempo, lo central es ser cada día una mejor versión de nosotros mismos y así evitar luchas y competencias con lo externo. Por ello, es tan necesario cambiar la forma en cómo educamos a los niños. Una educación consciente con disciplina positiva ve los errores como oportunidades de crecimiento. Con esta visión la emocionalidad es distinta a la que recibimos cuando nos educaron. Tu, los niños merecen una vida mejor. Sin duda el mundo lo agradecerá.

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